
Autor: Juan Sasturain
Libro: El día del arquero
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HAY UN hombre que tiene algo de gendarme por su obsesión en la custodia de los límites y mucho de marinero en su revoleo simbólico de banderita de colores. Sin embargo, su nominación más frecuente pone el énfasis en la condición judicial de su profesión, algo excesivo y lejano del original inglés –cuándo no– que lo rotuló sintéticamente, lo asoció a su caminito: lineman, "hombre de la raya", sencillamente. Pero es "liniman" de la tribuna se transforma, por imperio del torpe engolamiento del medio pelo argentino en pomposo "juez de raya" o "juez de línea". Se le concede un status tribunalicio, correspondiente al ascenso del árbitro al grado de "máxima autoridad", que nada tiene que ver con su inicial función equilibradora de los bellos tiempos en que cada equipo "ponía un liniman", esa especie de control partidario para compensar eventuales y habituales bombeos. Sin embargo, desde Muñoz el nombrador, ese movimiento de seudojerarquización del "liniman" se compensa equivocadamente con una manganeta verbal de sentido inverso: la metonimia fulgurante de reducir el hombre a un palito y un cacho de trapo. Porque si alguien alguna vez cristalizó la forma que asimilaba barcos a velas, el relator de América fue mucho más lejos con su identidad lineman–banderín, a lo que agregó la especificación aparatosa que bifurca y cierra la clase de los marginales de la línea: amarillo/solferino. El ambiguo status del lineman se manifiesta en toda su crudeza a través de esa dualidad: el hombre está vestido de negro cual sobrio magistrado pero lleva el estigma carnavalesco de la banderita de colores. Y ahí está también el doble destino. Porque, aunque le duela, su función es más afín a la del chancho inspector que a la del togado de Tribunales. Más claro y definitivo: el lineman es, para la jerga popular, un alcahuete. Y eso es intolerable. De su función alcahueteril proviene la marginalidad. ¿Alguien observó que el lineman está fuera de la cancha? Tangente con el campo y la tribuna, el hombre de la banderita mira con los mismos ojos del espectador –desde afuera– pero colabora con la visión desde adentro. Además de alcahuete es traidor, el único hincha de un equipo indeseable de uno, el árbitro.
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